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Pueblos originarios y desarrollo económico

Durante los últimos 18 años hemos presenciado la reivindicación y reconocimiento jurídico de los pueblos originarios en nuestra Carta Magna. Sin embargo, su situación de pobreza, marginación y desigualdad poco o nada ha cambiado, condición que contrasta con los recursos naturales de los que en muchos casos disponen.

La observación es pertinente, ante las declaraciones del gobernador del Banco de México, Agustín Carstens, sobre la eminente inversión (préstamo) de las reservas internacionales de México al Fondo Monetario Internacional previstas en diez mil millones de dólares.

La dificultad de nuestros pueblos indígenas para superar la pobreza y marginación tiene su base en el acceso a los medios de producción y desarrollo, y más en concreto a la obtención de financiamiento vía créditos y desarrollo a través de la transferencia de los resultados de las investigaciones y desarrollo de tecnologías.

En Oaxaca, los propietarios de las tierras donde se desarrollan los parques eólicos de producción de energía eléctrica en la región del Istmo, los pueblos indígenas huaves y zapotecos, son los menos beneficiados de las inversiones millonarias que representa el llamado “autoabastecimiento” de las industrias distantes, como FEMSA, que se benefician de créditos y estímulos con la fachada ambiental, los cuales son financiados por el gobierno mexicano a través de la SENER y NAFINSA, pero que a su vez marginan, engañan, despojan y reprimen a los residentes de sus territorios.

Imaginemos por un momento a un funcionario, como el redondo Agustín Carstens y demás funcionarios del gobierno panista trabajando en beneficio de todos los mexicanos, no sólo de los asociados a sus intereses, veríamos con sorpresa como propondrían la utilización de las reservas de México para beneficio de sus ciudadanos, no como ahora presenciamos con indignación: la entrega de los recursos financieros de los mexicanos a naciones extrajeras.

La marginación de los beneficios, el deterioro y apropiación de sus tierras y recursos, han vuelto a los propietarios de las tierras planteadas para la instalación de estos parques en opositores férreos, debido a los marginales beneficios que obtendrán de la operación y el deterioro de sus condiciones de vida ancestrales.

Una de las quejas recurrentes de estos pueblos es que, de su hábitat sale la energía para convertirse en electricidad, sin embargo, la que consumen en sus casas se sumamente cara, con precios más altos que los pagados por los lejanos beneficiarios de las empresas establecidas en sus tierras.

Para ellos es una incongruencia que se hable de tecnologías de punta, mientras viven en la pobreza y sus medios de producción siguen tan primitivos, como los utilizados por sus originarios ancestros; se habla de inversiones millonarias, pero ellos sólo ven cientos de pesos por hectárea arrendada.

Por eso, nuestros pueblos indígenas merecen la solidaridad, respeto y dignidad que se ha pretendido y defendido hipócritamente por todos los gobiernos; su forma de vida atiende a su cosmovisión, a su integración comunitaria y relación estrecha con el medio ambiente; ésa es su lucha, ése es su derecho, ésa debería ser nuestra causa.

Los zapotecas y huaves de la región del Istmo no ven el desarrollo como la posibilidad del consumo y depredación desbordante, lo ven como mejores condiciones de vida para sus familias, sin la alteración grave de sus costumbres, tradiciones y formas de vida comunitaria.

El reto es formidable. El desarrollo debía ser visto como la conjugación de intereses diversos, de visiones distintas y de oportunidades y beneficios comunes; sin estas premisas, la igualdad e inclusión social no se lograrán y seguirán prevaleciendo la pobreza y marginación que muchos dicen combatir, aunque sea sólo de palabra.

Es necesario un modelo participativo que atienda el progreso y la paz desde la comunidad, desde la igualdad y respeto ciudadano, que haga sustentable el desarrollo y socialmente viable los proyectos eólicos para beneficio de empresarios, gobierno y ciudadanos residentes en las áreas físicas donde se establecen.

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